Yo, Claudio (I)

Mientras revisaba mis archivos análogos -léase, escritos a mano- encontré un antiguo texto extraviado en una libreta “pocket” de 31 Minutos que redacté a mediados del 2005. Se trata de una breve biografía inconclusa, por medio de la cual puede entenderse cómo alguien con ninguna aptitud -pero sí actitud- musical como yo, terminó trabajando en un sello discográfico por más de 15 años.
Yo Claudio (I)
En una semana y media más viajaré junto a Legua York, PamelaX y nuestra hija Maite a Europa. Durante un mes recorreremos varias ciudades de Alemania, Francia, Euskal Herria, Estado Español y Paisös Catalans. Como el viaje será largo y queda poco tiempo antes de irnos, todos estamos tratando de saldar nuestros asuntos pendientes. En mi caso, tenía pendiente un viaje a Temuco para ver a mi hermano.
Mientras escribo estas líneas voy en bus hacia la ciudad en la que viví cuando era joven. He ido un par de veces antes, pero al igual que ahora, fugazmente.
En la película “Diarios de Motocicleta“, en la que Gael García Bernal personifica a Ernesto Guevara, se puede ver el Edificio Marsano y otros lugares del Temuco actual que parecen de hace 50 años. Pero no hay que engañarse, la ciudad ha crecido vertiginosamente y se esfuerza al máximo por parecerse a Santiago. La expansión horizontal es incontrolable y la contaminación es tres veces mayor que los mayores índices de la capital.
Cuando era niño viví en la Población Lanín. Suele decirse que antes de septiembre del ´73 se llamaba Población Lenin. Nunca lo confirmé. Alguna vez recuerdo haber visto en televisión mencionar que la Población Lanín era la más pobre de Chile. Se decía también que era la más peligrosa de Temuco, pero mientras viví allá nunca tuve ningún tipo de problema. Incluso, ninguna casa tenía rejas en las ventanas como en Santiago y nunca sufrimos ningún robo ni asalto.
A pesar de su pobreza, la Población Lanín era emblemática, incluso para la dictadura. Tanto así, que el propio Pinochet la visitó en una oportunidad. No recuerdo el año exacto, pero fue más o menos cuando Dinacos enarbolaba el slogan “Vamos bien, Mañana mejor”.
Hice toda la enseñanza básica en la Escuela 114 que quedaba en la misma población y que luego paso a “llamarse” Escuela F Nº 469. Mientras estudié allí nunca tuvo otro nombre más que esos números. Los profesores eran todos de derecha, aunque trataban de disimularlo. Había uno que como actividad extra-escolar nos enseñaba los himnos de las fuerzas armadas y carabineros.
Mi abuela, con quien vivía, hacía un gran esfuerzo económico y me compraba todos los miércoles el diario La Tercera que traía en el Icarito. Esos suplementos fueron mi única biblioteca antes de descubrir la biblioteca del municipio. Debo haber sido el único alumno de la escuela que pasó dos años seguidos haciendo sus tareas en la Biblioteca Municipal.
Cuando estaba en quinto año básico, los profesores me quisieron adelantar y propusieron pasarme directamente a sexto, pero yo no quise. Cuando estaba en séptimo municipalizaron la escuela y uno de los “beneficios” fue tener acceso a la Piscina Municipal. Durante dos veranos tomé cuatro cursos de natación, pero jamás aprendí a nadar.
Estaba en séptimo también, cuando fui por primera vez al cine con un par de compañeros de curso. Fuimos a la galería del Cine Rex (actualmente ya no existe y en su lugar está emplazado el Caracol de Temuco) a ver La Guerra de las Galaxias. Aluciné tanto que creí dominar La Fuerza durante varios años. Después fuimos a ver El Imperio Contraataca y me creí Caballero Jedi por otro par de años más.
Por ese tiempo, en que estaban apareciendo las primeras radio-grabadoras, rayé con Umberto Tozzi. Era fabuloso visitar a algún conocido que tuviera una. Cuando estaba en octavo, me compraron una radio-grabadora Sony que me acompañó hasta convertirse en chatarra. Pasaba todo el día esperando que tocaran mis canciones preferidas en la radio para grabarlas. Cuando salí de octavo, me eligieron mejor alumno de la promoción y los profesores me regalaron un “porta-caset”. De este relato, este es el primer punto a destacar para ocupar como coordenadas el discurso “Tienen que encontrar eso que aman” de Steve Jobs.

Claudio que lindo leerte y que agradable la sensación de vivir cada uno de esos instantes que relatas.
No conozco Temuco pero me encantará ir un día y ya se que existe una población llena de historias y mitos que debe registrar mi cámara.
Creo que siempre hay algo que une a la gente de Provincia y como soy Ariqueña sentí esa unión al leerte.
Un abrazo grande
Pame