Los Prisioneros

Una antigua columna de artes marciales, publicada por años en un diario durante la dictadura, solía recordar con redundancia que hay que ocupar la fuerza del adversario para derrotarlo. Lo ocurrido con Los Prisioneros este fin de semana en el Festival de Viña del Mar ilustra y reafirma esta máxima oriental. Muy pocos estuvieron ajenos a la exposición mediática de su supuesta falta de “patriotismo”; muy pocos, también, están ajenos ahora al triunfo público que por este momento la banda de rock puede disfrutar sobre sus adversarios naturales. El Sábado pasado, Los Prisioneros volcaron en música su desencanto con la prensa oficial que busca vender a través del efectismo, transformaron en acordes lo que tenían que decir al público y se dieron el lujo de criticar sin tapujos a la maquinaria que mueve el Festival sin cambiar su discurso y aprovechando efectiva e inteligentemente la sed de rating del Canal 13, que actualmente privilegia los cincuenta puntos de rating donde antes hubiera aplicado censura.

Vigentes 20 años después

Un argumento de algunos sectores de la prensa para minimizar la actuación de Los Prisioneros es el hecho que continúan cantando canciones escritas hace más de 20 años. Las canciones ciertamente ya tienen dos décadas, pero ¿por qué siguen estando vigentes a pesar del cambio en la situación política?

Luego de una prolífica pero corta carrera en los años ochenta, la banda entró en receso a principios de los 90. Al contrario de lo esperado, esta última fue la década en que el número de seguidores se multiplicó en varios miles, más allá de los ya numerosos fanáticos que tenían cuando la banda existía. Un gran porcentaje de quienes se sumaron eran jóvenes de muy corta edad, que los conocieron sólo a través de las grabaciones, nunca siendo testigos de sus actuaciones y menos contextualizándolos políticamente. ¿Qué hace que una generación de jóvenes que no vivió la dictadura, que nunca fue a ningún concierto de Los Prisioneros, siga identificandose con sus canciones? La respuesta no es tan dificil. Las canciones de Los Prisioneros, realmente, nunca fueron escritas contra la dictadura. Las canciones fueron escritas para describir cómo un par de jovenes de clase media veían su entorno, cómo sentían la sociedad que los rodeaba, cómo percibían el orden de clase imperante. Y en ese sentido la sociedad que rodeaba a Los Prisioneros hace 20 años atrás no ha cambiado: sigue cometiendo las mismas injusticias contra los jóvenes dos décadas después. El cambio de dictadura a “democracia”, en términos sociales, no ha satisfecho las expectativas y las generaciones más jóvenes necesitan como siempre gritarlo a los mayores en una canción.

El asesinato de imagen

No hay duda que la derecha política y económica se está preparando para las próximas elecciones y para eso necesita atar todos los cabos sueltos que se arrastran desde hace años. La banda más popular de Chile, Los Prisioneros, son uno de esos cabos y de hecho, son uno de que implican peligro. Ya en su primer concierto de reunificación, que congregó a 60.000 personas y en una de sus primeras intervenciones en el micrófono, la banda se declaró en contra de Lavín y quienes lo apoyan y esto se ha repetido en diversas ocasiones. En ese aspecto, la derecha tiene claro que no puede permitir, entonces, que lleguen hasta el escenario de la proxima eleccion siendo Lideres de Opinión válidos: Hay que invalidarlos y para ello qué mejor arma que todo el andamiaje de la prensa disponible.

Lo de Perú fue el primer hecho concreto. Previo a su concierto en Lima dieron una conferecncia de prensa en la que hablaron de diversos temas y en algún momento comentaron que “las armas de Chile estaban listas para ser ocupadas contra Perú y Bolivia” en relación a la cultura armamentista que envuelve al ejército chileno. Lo publicado fue solamente la frase sin el contexto y hasta Insulza llegó a responderles, lo que siguió avivando la hoguera de los medios que “olvidaron” contextulizar esas declaraciones.

Luego, al bajarse del escenario donde actuaron, un periodista peruano les preguntó por el clima antichileno que se vive normalmente en Lima. La respuesta fue “lo entiendo porque los chilenos que vienen para acá son una mierda”. La prensa también olvido contextualizar y apareció en todos lados la vergüenza de González de ser chileno. El plato estaba servido. Los foros de las dos páginas de Los Prisioneros, la oficial y la de fans, se llenaron de amenazas e insultos y aunque existía una férrea defensa de sus seguidores no faltaron los detractores no identificados que indicaban que “matarían a Jorge” por antipatriota. Esta era ahora noticia. ¿Y la fuente? Un par de mensajes, sin autor conocido y sin posibilidad de confirmar su veracidad, de un foro público.

El regreso de los “VendePatria”

Volviendo a las viejas prácticas de la dictadura, los Prisioneros fueron calificados de ANTIPATRIOTAS. Gran parte de sus seguidores se mantuvieron firmes frente a las afirmaciones; otros, con menor grado de sospecha de los medios, reclamaban haberlos seguido desde siempre y haberse decepcionado por sus declaraciones. Pero todo buen conocedor de Los Prisioneros sabe a qué se refieren canciones como “No necesitamos Banderas”, “Nunca quedas mal con nadie” (primer disco) o “Independencia cultural” o “Por qué no se van” (segundo disco).

Finalmente, y luego de dos conferencias de prensa, en las que Narea en la primera y González en la segunda se refirieron a la llamada polémica, comenzó el festival: cada noche eran pifiados y la expectativa por qué pasaría el día de la presentación crecía. Los diarios siguieron publicando sobre las amenazas contra la vida de González, aún cuando todas fueron hechas por el mismo individuo que hizo más de 30 llamados al Hotel O’Higgins. Y como era lógico esperar se inventó una disputa entre Claudio Narea y Jorge Gonzalez que incluso tenía en los diarios a la banda al borde de una nueva separación.

La hora de la verdad

La hora de la verdad fue el sábado. El público llenó la Quinta Vergara desde temprano. Los organizadores estaban tranquilo-nerviosos. Aunque el contrato consideraba la obligación de transmitir las 2 primeras canciones y dejaba a criterio del canal la emisión del resto de la presentación, el canal tenía claro que iba a ser uno de los mayores ratings. Para potegerse de lo que claramente vendría, los altos ejecutivos obligaron a un trato de palabra que decía que Los Prisioneros se iban a limitar a cantar y que “no hablarían” nada contraproducente. Los Prisioneros cumpliendo con el acuerdo no hicieron ninguna crítica hablada: las hicieron todas cantando.

Como sabían que tenían asegurados las 2 primeras canciones, hicieron su primera intervención con el tema de la apertura “Sexo”. La Iglesia Católica y el Canal 13 fueron los blancos. El rating estaba en 50 puntos (aprox. 50 Estadios Nacionales llenos). Después del segundo tema, en la pantalla de atrás apareció una franja de ajuste. Toda la Quinta pensó que habían sido censurados. Pero no fue así. Canal 13 decició transmitir integramente. Aquella noche, se enfrentaron Los Pisioneros por un lado y la censura clásica del canal por otro. Esto era en directo, así que no había posibilidad de “editar” o buscar un titulo conveniente. La presentación salió íntegra al aire y todo Chile sonrió al escuchar en boca de González las críticas que nunca se escuchan en televisión.

La derrota del adversario

Los Prisioneros dejaron en claro que trascendieron los 80 y los 90 por ser una de las pocas bandas que dice lo que piensa y que canta lo que ve, aunque eso pueda afectar su carrera. Con canciones que cumplen su mayoría de edad, su carrera se revitaliza y sorprende a sus antiguos y nuevos seguidores. Sus canciones siguen hablando de la sociedad que nos ha rodeado treinta años. La actuación en Viña del Mar, que hasta el sábado amenazaba con liquidar su imagen de consecuencia simplemente se tradujo en una base sólida para el nuevo trabajo que viene. Además de su música, el mejor aporte de González y compañía es ser justamente una banda con opinión, que está por sobre el efecto que los medios puedan intentar ejercen sobre ellos, que no uintentan congraciarse con nadie y que empujan a quienes los han visto en vivo a irse a la casa dándole vueltas a lo que escucharon en el concierto. En una época traspasada por bandas cuya bandera de lucha es solamente la legalización de la marihuana, loable, pero no imprescindible socialmente, el aporte de los Prisioneros es a largo plazo: demuestran a sus seguidores que los miedos a una opinión pueden vencerse, que uno puede criticar al adversario en su casa y en la cara y además llevarse los aplausos y los premios.

Ojalá hubiera otras bandas como ellos; y ojalá que el Festival de Viña, banal espectáculo de siempre, siga necesitando el rating para poner en pantalla lo que hace varios años echábamos de menos.

Los Prisioneros en Viña: O cómo ocupar la fuerza del adversario para derrotarlo.
Artículo escrito por PamelaX y ClaudioG
Publicado en el semanario El Siglo durante el 2003.