Flor de Guayaba
Formada en 2015 en Concepción durante el Festival Mujeres en el Arte, Flor de Guayaba es un colectivo de siete mujeres que operacionaliza la música como herramienta política de transformación. Su centro de trabajo es la investigación de ritmos afrocolomianos —bullerengue, cumbia, tambora, champeta— desde la costa caribeña colombiana, fusionándolos con pulsos latinoamericanos y adaptándolos a su contexto territorial. Al traer estos ritmos a Chile, «evidencian los enlaces tanto sociales como culturales con la invisibilizada raíz afro en Chile», realizando un acto de cuidado cultural y visibilización de genealogías olvidadas.
Su primer álbum «Mujer» (2021) combina versiones de maestros cultores afrocolomianos con composiciones propias «alusivas al feminismo y las consignas de la revuelta de octubre 2019». El single «Agua» es reconocido por Ana Tijoux como embajadora de #PlaylistsForEarth, abordando la crisis hídrica que afecta el Biobío donde «muchas vivimos en comunas amenazadas por proyectos extractivistas». «Yo le Creo» (2022) enfatiza redes entre mujeres y apoyo ante violencias machistas, con videoclip que «muestra la presencia y carga histórica de mujeres oprimidas durante siglos», operacionalizando genealogía política visualmente.
A lo largo de una década, Flor de Guayaba ha transitado desde presentaciones locales a escenarios masivos como Rockódromo 2020, Felabration 2022, Woodstaco 2023 y Lollapalooza. «Correntosa» (2025), su segundo álbum, representa «un salto evolutivo y de madurez» con nueve canciones que incluyen «caja, charango, guitarra y gaitas» en «una mezcla de sonidos y música de raíz latinoamericana». Canciones como «Libre» serán interpretadas junto a Arica Negro en carnavales norteños, expandiendo alcance territorial.
Flor de Guayaba produce música que es simultáneamente accesible y políticamente rigurosa, combinando investigación etnográfica con compromiso feminista y ecológico. Su gira «La Correntosa» (enero-febrero 2026) celebra diez años llevándolas a Santiago, Iquique y Arica, con participación en «Encuentro de Mujeres en la Música» y «Clínica Cruce de Voces y Tumbe», continuando su operacionalización de la música como espacio educativo y político.
